“No puedes forzar a nadie a elegir entre sus identidades”

“No puedes forzar a nadie a elegir entre sus identidades” Entrevista a Michael Ignatieff - La Contra por Lluis Minguet

2019-11-10T21:27:16+00:0023 d'octubre, 2019|Articles d'opinió||

Michael Ignatieff, fue líder del Partido Liberal y la oposición del Canadá; filósofo político

Tengo 72 años: cuanto más grandes son los retos que aceptas, más joven te mantienes. Nací en Toronto y soy rector de la Universidad Centroeuropea en Budapest: amo a mi mujer e hijos y vivimos pegados al teléfono. Soy liberal: sé que los hombres disienten y que hay que gestionarlo. Colaboro con Esade

Cómo ve Catalunya desde Budapest y el Canadá?

Para empezar le diré que estos días en Barcelona han sido muy tristes para mí.

Para todos.

Ha sido como encontrar peleada a una familia que quieres. Porque tengo amigos independentistas y otros que no lo son. Y la gran división es entre los propios catalanes y, además, hay otra entre los independentistas y el Estado español.

¿Cuál es su diagnóstico?

Que cualquier independentista serio tendrá que empezar por admitir el factor n.º1: que no tienen una mayoría suficiente para la secesión.

¿Y si la hubiera algún día?

El factor n.º 2 es que, aunque la hubiera, no hay ninguna posibilidad de que un Estado catalán fuera admitido en la Unión Europea.

¿Por qué?

Porque, además de España, lo vetaría toda la UE, que es una unión de estados y ninguno quiere que sus regiones se le independicen.

¿Lo dice por la Catalunya francesa?

Y por la parte de Hungría que está en Rumania y por todas las regiones y naciones que están en otros estados sin tener uno propio: toda la UE sufriría el ejemplo catalán. Por eso, hasta Escocia tendría problemas para que la admitieran tras su secesión. Y el factor 3 que imposibilita la independencia es la solidez del Estado español.

¿La política no puede alterar los factores?

Los políticos, también los independentistas, tienen que gestionar no sólo sus aspiraciones, sino los hechos. Y los hechos son esos tres.

¿Y si los independentistas proclaman y logran la independencia unilateralmente?

Catalunya sería un Estado fallido desde el principio, porque miles de empresas y personas lo abandonarían y ya lo he dicho que no obtendría reconocimiento internacional. Y, por eso, otro referéndum no pactado con el Estado también carecería de legitimidad.

¿Qué salida, entonces, aconseja al in­dependentismo?

La historia de Catalunya es la de otra pequeña nación que tiene que enfrentarse a la globalización. Y la salida es conseguir su reconocimiento pleno del Estado: de su lengua y de la soberanía sobre lo que puede gestionar y sobre los recursos que genera.

¿Y si persisten en el unilateralismo?

Será un desastre, como el de los dos últimos años.Porque si algo aprendimos en Quebeces que los humanos, como los países, somos diversos y complejos: con varias identidades. No puedes forzar a nadie a tomar decisiones existenciales y elegir sólo una.

¿Qué salida aconseja al Estado español?

España podría llegar a pactar algún tipo de consulta con todos los catalanes para, bajo determinadas condiciones, votar sobre cómo deberían ser sus relaciones.

¿Una votación después de todo?

Todo debe pactarse dentro de la Constitución, pero nada excluye la posibilidad de reformarla. Y esa consulta podría ser sobre la reforma de la Constitución, por ejemplo.

Todos acataron el dictum del Supremo sobre el tercer referéndum del Quebec.

Porque su virtud era su sencillez. Simplemente sentenciaba que ninguna secesión puede ser unilateral y que para lograrla necesitas una pregunta muy clara y una mayoría también incuestionable, es decir, de más del 51%.

¿Cree que tiene validez internacional?

El Supremo canadiense constató antes de pronunciarse que ningún Estado en el mundo existe sin gestionar minorías o mayorías en conflicto. No hay país que no esté dividido.

¿Negarlo es una ilusión nacionalista?

Ni en Cataluña ni en España hay tampoco una sola nación: ambos están divididos. Y esa tensión hay que gestionarla. España siempre ha sido una realidad plurinacional desde su origen y la Constitución debe recoger esa realidad.

¿Y si una parte quiere la secesión?

Sufrimos mucho con los dos referéndums de Quebec. Dividieron a Quebec y al Canadá. Fue muy duro. Y aquí también lo sería, porque la nación catalana no existe: sólo existen ciudadanos: unos independentistas; otros, no y otros que no quieren que nadie les obligue a decidir entre sus identidades. Además, está la labor de los políticos.

A menudo añade y no alivia tensiones.

La política no sólo consiste en solucionar ­problemas, sino también en no tocar los que no tienen solución. E insistir en las cuestiones identitarias en Catalunya, donde hay varias, es todo lo contrario de hacer política.

¿Por qué su alusión al “narcisismo de las pequeñas diferencias” ha cuajado?

Sólo pretendía afrontar el debate con los nacionalistas con humor. Pero no significa que sea condescendiente con esas diferencias.

Si las crees, pueden ser el eje de tu vida.

Reconozco que, aunque sean pequeñas, no son irrelevantes. Entre un quebecois y otro canadiense, no hay diferencia étnica: conducen los mismos coches, van de vacaciones a los mismos sitios, diríase que son iguales, pero, por ejemplo, los quebecois defienden el derecho a diferenciar tu religión con tu ropa; los demás canadienses, no. Y eso hoy genera debate.

¿Cómo gestionan esas diferencias?

Hablamos, hablamos, hablamos. Ahora los quebequeses cuestionan la legitimidad del ­Tribunal Supremo al dictaminar en el caso. Así que hablamos, hablamos.

El derecho a no decidir

Los catalanes también tienen derecho a no tener que decidir. Nadie puede obligarles a elegir entre papá y mamá; entre un Estado y otro; entre una identidad y otra; porque la mayoría de los humanos tenemos varias. La política no debe forzarnos a escoger entre ellas, sino evitarnos decisiones existenciales y dolorosas. Sólo así se protege no sólo una identidad, sino todas las que conviven en Catalunya, España y cualquier estado, porque todos tienen problemas de convivencia. Lo explica Ignatieff en Barcelona citando el dictum del Supremo del Canadá sobre el derecho a decidir: la secesión de Quebec sólo sería posible con una mayoría incuestionable a favor. Y esa mayoría tampoco la tiene hoy el independentismo catalán.

 

La Vanguardia. La contra: Michael Ignatieff – “No puedes forzar a nadie a elegir entre sus identidades”

*Fotografia de Mané Espinosa