No es un referéndum, no es una solución – Mario Romeo

La Vanguardia Opinió  29-09-2017


Mario Romeo

Es probable que el domingo 1 de octubre salgan a las calles personas partidarias del referéndum de independencia de Catalunya o gente que quiera aprovechar la jornada para otras reivindicaciones. Sea como sea, no se tratará de un referéndum, como todavía pretenden hacer creer en público (y no siempre en privado) muchos dirigentes de Junts pel Sí. Y eso por varias razones.

En primer lugar, y como eje central: no es una consulta legal ni acordada. El referéndum, tal como ha sido planteado, no cumple la Constitución ni el Estatut ni las leyes catalanas, como recuerdan los letrados del Parlament y el Consell de Garanties Estatutàries, y contraviene las leyes europeas e internacionales. Subrayo que tampoco se dan los requisitos de la Comisión de Venecia del Consejo de Europa que recuerda la inseparable relación entre la democracia y la ley.

En segundo lugar, creo que la pregunta que supuestamente se formula a los catalanes no tiene apoyo social mayoritario como señalan las encuestas y los resultados electorales. ¿La única salida viable es la independencia?

No se ofrece ninguna garantía democrática. Es impensable plantear una consulta sin censo ni autoridad electoral independiente, sin poder debatir en igualdad de condiciones las diferentes posiciones ni garantizar la neutralidad de los medios de comunicación públicos.

Se debe cumplir la ley pero con la ley no basta

Todo ello lleva a una conclusión: ir a votar legitima una ilegalidad evidente -respecto de la Constitución y del Estatuto- cometida en nombre del “pueblo de Catalunya” pero sin contar con la mitad de la ciudadanía catalana como se pudo ver en la deplorable sesión del Parlament de los días 6 y 7 de septiembre. Votar “no” no equilibra la balanza: el independentismo pretende que la presencia del “no” legitime el “sí” en un referéndum que no tendrá reconocimiento internacional y eficacia jurídica.

Se debe cumplir la ley pero con la ley no basta. La solución a las demandas de Catalunya, a la exigencia de más autogobierno y de reconocimiento nacional, es política y no judicial como muy bien sabe, pero ignora reiteradamente, el presidente del Gobierno español. Confío en que la cordura, el seny, se imponga al griterío de estos días y que seamos capaces de restablecer los puentes rotos dentro y fuera del país; que desde el catalanismo transversal sepamos articular un nuevo pacto de convivencia de Catalunya con el resto de España.

Mario Romeo, notario



Altres articles d´interés