El catalanismo tras las elecciones – Fèlix Riera

La Vanguardia Opinió  10-02-2018


Fèlix Riera

Cuando sigue sin resolverse la variable sobre si Catalunya podrá ser gobernada durante los próximos cuatro años, se impone considerar si el catalanismo está capacitado para dar respuesta y apoyo a la gobernabilidad de Catalunya. Es determinante una puesta al día del catalanismo que permita acentuar la urgencia de repensar Catalunya desde la unidad y con capacidad de incidencia en la política del Estado español. Es necesario un catalanismo capaz de convocar y abrir el debate entre el mundo independentista y el constitucionalista centrándose no en la voluntad de ser sino en la voluntad de estar, de formar parte de un proyecto común y discutido con España. La fuerza del catalanismo reside en el hecho singular de que puede observar el referente del liberalismo inglés, que es una actitud compartida por todas las fuerzas políticas, para actuar en la esfera pública y privada. Cuando no incorpora el marco ideológico, el catalanismo se desvela como la forma más común de actuación de los catalanes en defensa de unos intereses, asumiendo que deberán ser deliberados, consensuados y acordados desde una amplia mayoría social. Podríamos argumentar que el catalanismo es un credo definido por un espíritu abierto, emprendedor y cargado de legítimos intereses, en favor de Catalunya, que son trasversales en la sociedad.

Tras las elecciones, el catalanismo debe buscar la unidad en el interior de Catalunya que permita avanzar en el conflicto con el Estado español. Ya sea en forma de congreso o en forma de debate, el catalanismo debería estimular a partidos políticos y a la sociedad civil a ser discutido para ampliar así su lectura, visualizar su valor social y mostrarse como un espacio superador de la política de bloques. Debe ser un catalanismo popular comprometido con la democracia y las libertades; un catalanismo con más páginas por escribir que por defender. Debe ser capaz de que nuestra relación con España se resuelva desde la diversidad y no desde la particularidad identitaria. El catalanismo debe estar dispuesto a desarrollar un proyecto de afirmación que se niegue a ser utilizado de forma partidista y que recupere un viejo principio de su larga vida, que expresó Miquel Caminal en su artículo “El tercer catalanismo”: “La libre voluntad de compartir un proyecto común con España desde el reconocimiento de la libertad e identidad catalana”. La oportuna recuperación de la obra intelectual de Caminal nos advierte de que ha llegado el momento de debatir el catalanismo del siglo XXI.



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